pasaban por delante mía me miraban, tocaban abrían pero ninguna se decidía a comprarme. Quizás mi alto precio o mi peculiar estilo alemán no les convencía para comprarme. Así todos los días, tocada y manoseada por decenas de personas. Cuando fui fabricada pasé una temporada en la escuela de maletas, allí en Baviera, donde una de las clases era Manoseticas, y ahora estaba poniendo en práctica todo lo que aprendí con el profesor Don Kleiderbugel, así que pronto me acostumbré a aquella situación diaria, pero ¡ yo quería salir de allí y conocer mundo!. Ahora entendía porqué cuando llegué a España me habían hecho una fiesta de presentación, salí en revistas y todas esas cosas, en Alemania y en los países donde fueron destinadas mis primas estaban acostumbrados a ver maletas como yo y no existía tanta expectación con nuestra llegada como Polonia o Rusia, donde estaban mis hermanas.
Pasaron los meses hasta que por fin un día, entre toda esa gente que se para ha observarme y tocarme, hay una pareja que me llama la atención. Ella es una joven profesora con una melena rubia de ojos pardos y nombre Paula. Al lado de Oscar, su futuro marido, parece muy bajita porque él es muy alto de pelo blanco con gafas y muy delgado. Él lleva debajo del brazo una cartera muy grande por la que sobresalen algunos documentos, eso me hizo mucho gracia. Ella le dijo a él, mientras me miraba:
- Tiene el tamaño ideal para meter toda la ropa para el viaje de novios. Y él contestó: - pero…¿tanta ropa nos vamos a llevar?
Ella se acercó un poco más hacia mí y dijo: - tiene un color muy bonito y juvenil.
A lo que él añadió: - pero…¿no es un poco cara?
La joven chica dio una vuelta alrededor mía, empezó a tocarme y exclamó -¡tócala…que suave… es perfecta!
Mientras Oscar me observaba pensativo, yo empiezo a empiezo a ponerme nerviosa por primera vez estando en aquellos grandes almacenes, pues por fin cabía la posibilidad de ser comprada y viajar. Tras unos minutos de incertidumbre, la joven pareja se miró y él dijo – Comprémosla, cumple todas nuestras necesidades, capacidad, comodidad, estilo….
Así que tras pasar varias semanas en aquellos grandes almacenes, por fin fui adquirida por aquella joven pareja e iba a conocer mundo. – Voy a buscar a una dependienta encargada de esta sección. Dijo Oscar, mientras Paula sonreía y yo, la verdad, me ilusionaba, pues por fin me veía viajando.

La dependienta de la sección de viajes me metió en una gran caja luego en una bolsa y por fin salí de allí de manos de Paula, con un poco de nostalgia pues mis primeros meses en España y mis mejores amigos españoles los dejaba allí en aquellos grandes almacenes. Sonsonete, Nikesita, Mistralete… y todas aquellas maletas con las que había compartido noches de juegos y conversaciones, ahora se quedaban allí esperando ser compradas para poder viajar y conocer mundo. Y eso fue lo que hice yo viajar durante muchos años...
 pero eso es otra historia…